Y así como comienza, se acaba!

Hoy es tiempo de mirar atrás y de hacer un balance, anticipado a fin de año y algo forzado por las circusntancias, pero totalmente necesario como parte de un proceso.

Durante un año trabajé en un lugar, me esforcé todo lo que pude (y quise), aprendí muchas cosas, conocí muchas personas, discutí aquello que merecía discusión, y también me dejé estar. Considero que eso es absolutamente posible cuando te das cuenta que ya no te gusta levantarte cada mañana para llegar a ese lugar, cuando no hay desafíos de por medio y cuando, fundamentalmente, te das cuenta que tus valores, creencias e ideologías son incompatibles con los que guían el actuar de la mayoría ahí.

Creo que este último punto fue uno de los principales gatillantes de mi malestar. Hay personas que sobreviven con eso, o que cambian su forma de pensar o que simplemente no luchan y les da lo mismo. En psicología este fenómeno se llama “disonancia cognitiva”. Yo no soy así. A mí me cuesta ir en contra de mis valores porque son mis pilares. Y gracias a mi formación son infranquables.

Como siempre, más allá de los lugares o empresas, finalmente rescato a las personas, a quienes hicieron de esa estadía algo agradable, simpático y llevadero. Hay personas sencillas, otras más complejas, pero llenas de valor y de garra, de empuje y de entrega.

Por otro lado comprobé aquella frase tan típica de House: “Everybody lies”. Y cuando lo hacen, es sin pudores, sin remordimientos y sin miedos. Poco les importa todo lo demás y mucho hacerse millonarios a partir de la miseria de los otros.

No hay respeto por la vida, no hay respeto por la dignidad humana ni por otro montón de cosas. Definitivamente no puedo sentirme triste por mi paso en ese trabajo, al contrario, agradecida de las posibilidades y de la experiencia adquirida.

Me fui sabiendo que ya no pertenecía a ese lugar, caminé tranquila, firme, respiré profundo y sonreí. Sonreí con los labios y dientes, y también con el corazón.

Hoy tengo más posibilidades que nunca de ser feliz, de encontrar algo que me guste realmente y de hacer todo aquello que por “falta de tiempo” no hice antes: pintaré mi pieza de color rosado, mandé a reparar mi bicicleta para salir de paseo, leeré aquellos libros que dejé pendientes y veré a mis amigos, visitaré los lugares que me gustan y descansaré merecidamente: Machu Pichu me espera.

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