No hay red

Hace varios años visité la exposición “El Beso” en el Centro de Extensión de la UC. Habían ilustraciones de toda clase de ellos. Y además entre toda clase de personas: altos y bajas, gordas y flacos, feos y feas, viejos con viejas y niños ingenuos aún, sólo por mencionar algunos.

No me llamó la atención la imagen por sí sola. Leí el texto que acompañaba a la secuencia. Una vuelta rodeando el salón no fue suficiente. Mejor dos. Tal vez tres. Me detuve e internamente realicé la mezcla de ambas artes. Un mix exquisito, sin embargo primaba la historia.

La autora es Marcela Parada, nunca supe quién era ni de dónde salió, sin embargo quiero agradecerle porque en ese momento de mi vida, leer sus líneas resultó representativo. Más que eso. Me vi descrita en sus líneas. Actualmente dista de la realidad, o tal vez la representación se volvió parcial, como todo lo demás que cambia en la vida. Aquí les dejo el texto íntegro de aquella exposición:

No hay red

(Marcela Parada)

 

Prólogo

Ante el gran jurado

Confieso que no te olvido. Este, mi silencio, mi distancia, ha sido apenas un artificio. Un artilugio impuesto por la bandera de la corrección. Deber, deber, deber. La niña correcta no debe, no puede, no debe. Deber, deber, deber. La niña incorrecta ha de ser distanciada. Silenciada. Así debe ser.

He visto flamear la bandera de la incorrección, mientras aquí abajo, la verdad, me moría de pena, de rabia, de injustaza, de corrección.

 Acto I: La reminiscencia

Eres tú ¿verdad?, anoche también eras tú. Anoche. La otra noche. Hoy. El día entero. Has de haber sido tú.

Porqué no me dices nada. Por qué ¿me sientes? ¿me oyes? Dime al menos si me ves

Estoy aquí ¿verdad? ¿lo estoy?

Abrázame fuerte que ya no sé si estoy aquí.

Nómbrame. Por favor. Nómbrame.

Nómbrame con voz. Bésame cuando me nombres.

Nómbrame. Rompe este silencio y nómbrame. Necesito saber que estoy de verdad aquí: necesito saber que estás de verdad ahí. Necesito saber que estoy para ti, de verdad aquí.

Ya no me recuerdo, amor mío.

Si me reconoces, nómbrame

Eres tú ¿verdad? ¿eres tú?

Nómbrame con voz que estoy temblando.

Acto II: El miedo

Cierro los ojos y consigo, por un instante, saltar el miedo que me asalta. La vida no me da miedo. No es la vida. Eres tú. Ojalá pudiera leer en tus manos que me tocan, en tus labios, en tus labios que me besan, en tu cuerpo, en tu cuerpo tan pegado a mí, en la otra noche, ayer ¿fue ayer? Ojalá pudiera leer en todo ello, en ti, algo de mí, abrázame fuerte, te digo, porque si me pierdo en este viaje quiero llevarme este abrazo contigo. Entonces me miras. No dices nada, pero me miras. Me miras sí o tal vez no. El dolor, amor mío, se parece tanto a ti, abrázame que estoy a un paso de caer.

Abrázame fuerte que el salto es un salto mortal

Saltar al vacío sin red.

Cuando salte ¿estarás ahí?

Cuando salte ¿me verás caer?

Cuando salte ¿saltarás tu también?

Acto III: El tránsito

No quiero ir a la cama. No quiero dormir. Es tarde. Todos duermen ya en un sueño reparador. Pero el sueño no repara nada. Podría dormir la ciudad entera, el mundo entero, el mar entero y nada se repara. Todo sigue donde mismo. Todo sigue funcionando a pesar de los desperfectos, de las faltas. La reparación es ilusoria. Utopía de revertir. De borrar la memoria. De olvidar. Utopía de seguir. De estar. De existir. Utopía de ser. De materializarse y salir del espejo. No es espejo, es lienzo, es igual. La mujer se refleja en el espejo no tiene cabida en el mundo real. Es apenas unos trazos, un espejismo, una ilusión. No tiene cabida en el mundo real. No es aceptable su intromisión. Está fuera de norma.

Debemos guardar silencio. Hacer como que nunca existió.

(Y sólo queda el silencio)

Parto porque no dejo nada y sin embargo, no sé, es como si dejara todo.

Parto porque no tengo nada. Y sin embargo, no sé, es como si me partiera al partir.

 Acto IV: El poder – ser

Me he alejado sin poder alejarme, mi memoria de ti no me deja. Ni antes. Tampoco hoy. Mi alejamiento, me doy cuenta. Ha sido ilusorio. Bésame otra vez. Bésame de una vez y para siempre. Que lo que esté por venir: sea.

Epílogo: Fantasmagonía (o ¼ de luna que soñó su acabamiento)

Confieso que no te olvido. Confieso que he faltado a tan correcta imposición. Confieso que no te olvido. Te he nombrado, sí, te he nombrado. Te he convocado  aun sin poseer cuerpo. Aún sin poseer voz. Estando en casa, más de alguna vez he creído divisarte al otro lado del ventanal que da al parque. Te he visto allá abajo. Te he visto venir a mi puerta. Te he visto, luego, desvanecerte en otros cuerpos, en otras caras, en el abrazo de otros que nos han suplantado en el portal. He querido verte reflejado a contra luz en el espejo de la habitación y más de alguna noche me he topado con tu cuerpo entre las sábanas. Morir en el entresueño. Morir abrazada a ti. Morir en este amor hecho pedazos. Morir en un amor de memoria. Suspendida y silenciada.

COMO EL FANTASMA QUE SOY.

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