El estado de “Flow”

Hace un tiempo he estado interesada en las investigaciones en el marco de la psicología positiva que ha realizado Mihalyi Csikszentmihalyi, específicamente aquellas relacionadas al estado de fluidez (o flow) que ha definido en incontables textos y charlas. Se trata de un estado mental que favorece la creatividad y el goce con las actividades que realizamos, es como si el uso de nuestras habilidades cognitivas y además nuestra motivación, nos llevaran a un estado psíquico interno en el que todo fluye. Sí, en el sentido más literal o urbano de la palabra, fluye el tiempo, fluyen las ideas, fluyen las ganas, fluyen los resultados, fluye el ser interno. Lamentablemente, en nuestro mundo actual, esta experiencia de fluidez la tenemos sólo en contadas ocasiones y en áreas de nuestra vida que no necesariamente son laborales, y lo peor aún es que tampoco se asocian visiblemente a actividades que resulten placenteras o en una mejora de nuestra calidad de vida.

La idea de este post (y quizás algún otro) es contarles un poco más de los planteamientos de este autor e intentar buscar consejos prácticos de cómo lograr las condiciones propicias para que la experiencia de fluidez sea algo más frecuente y podamos entonces, generarlas a conciencia, para lograr los resultados o satisfacción que nos gustarían.

Entonces, como punto de partida deberíamos intentar identificar en qué momentos de nuestra vida hemos experimentado estos estados de fluidez y hacer una introspección sobre cómo nos sentíamos. Cada persona podría tenerlos en distintas actividades, pues todo tiene que ver con disfrutar, por tanto, lo que a uno produce agrado a otro podría provocar molestia, y viceversa. Algunos ejemplos: cocinar un queque, escribir una historia, tejer un sweater, pintar un cuadro, etc.

Si nos centramos en la experiencia humana, es posible que concordemos en que ésta se encuentra compuesta internamente de los siguientes elementos: la emoción, el intelecto y la motivación. Vamos a revisar brevemente cada uno de ellos:

Nuestras emociones pueden beneficiar la aparición o mantención de cierto estado psicológico interno. En el caso de la tristeza, el miedo, la ansiedad o el aburrimiento producen un estado en que nuestra atención se centra en nuestro interior, pues necesitamos restaurar cierto orden interno. Al contrario, cuando sentimos felicidad es posible que nuestra energía fluya libremente a otras actividades, pues no necesitamos ponerla en nosotros mismos. Las emociones determinan actitudes de aproximación o evitación, por tanto, podríamos inferir que regulando nuestro estado afectivo interno, podríamos facilitar la aparición de estados de fluidez en distintas actividades, pues tenemos energía disponible para ello y la suficiente tranquilidad interna como para centrarnos fuera de nosotros mismos.

Las motivaciones se encuentran estrechamente ligadas al ámbito emocional, pues aquello que nos mueve se relaciona la mayoría del tiempo con aquello que nos causa satisfacción y produce actitudes de acercamiento. A dónde queremos llegar, qué es lo que queremos hacer, cómo queremos sentirnos, a quién queremos impresionar o a quien no queremos hacerlo.  Todos tenemos  leitmotivs diferentes para cada actividad que emprendemos, por lo que no es posible generalizar al respecto.

Nuestro intelecto se compone (entre otras cosas) de los pensamientos, de nuestra capacidad de atender diferentes estímulos, el procesamiento de información y la concentración. Esta última juega un rol fundamental, pues si no aprendemos a dirigir nuestras facultades, nuestros pensamientos se dispersarían y no lograríamos acercarnos a lo que realmente nos llevará a un estado de fluidez. Dicen por ahí los teóricos de la psicología, que la mente logra procesar cinco (más menos dos) elementos de forma simultánea; entonces, si podemos disminuir el número de actividades a las que ponemos atención, podríamos hacerlo resguardando la calidad de la información y del procesamiento que realizamos. Algunos consejos prácticos para esto serían: apagar la televisión, cerrar Facebook o Twitter, alejarnos de conversaciones ruidosas si lo que necesitamos es silencio.

El análisis que realizamos de estos tres elementos, nos permite establecer metas individualizadas y alguna noción de cómo podemos llegar a ellas, pues generamos por ejemplo conexiones de causalidad entre nuestras acciones y las consecuencias que podríamos tener. Así, podríamos entonces fijarnos objetivos que resulten “flojos” o desafiantes, y obviamente no aportarán en la misma medida a obtener un estado de fluidez. Por esto, resulta importante que sean suficientemente atractivos como para movilizarnos a la acción, y no sean excesivamente ambiciosos como para derivar en una rápida frustración. Otra recomendación es generar algunas “metas intermedias” que permitan medir los avances obtenidos, teniendo así la posibilidad de sentirnos satisfechos durante el proceso y alimentar nuestra motivación.

Creo que a la base de todo lo que he intentado explicar, existe la premisa de que los seres humanos somos capaces de controlar nuestro ambiente y generarnos, en la medida de lo posible, las condiciones necesarias para hacer algo. Por supuesto, como todo en la psicología, se mezclan otras variables, como por ejemplo la fuerza de voluntad, la confianza en nuestras propias capacidades, nuestra autoestima, nuestro entorno cercano y quienes lo componen. La importancia de los estados de fluidez, bajo mi punto de vista, se asocia a la posibilidad de desarrollar habilidades o aptitudes que favorezcan por ejemplo la creatividad, que por definición es un proceso desafiante y complejo (por la creación de algo nuevo), y al mismo tiempo tan buscado por diferentes oficios.

El texto utilizado para construir este post fue:

Csikszentmihalyi, M. (2007) Aprender a Fluir. Barcelona: Editorial Kairós.

 

3 thoughts on “El estado de “Flow”

  1. Hey! No tenía idea de que tenías blog.
    Tienes aquí una entrada muy chora, y jodidamente bien redactada.

    Entrando en el terreno de las opiniones, creo que no se debe dejar de mencionar lo nocivas que resultan, tanto las expectativas, como la cobardía, y sin embargo ambas son herramientas sumamente adaptativas. Mirándolo desde este punto de vista, si el “flow” no se presenta, significa que no es adecuado para las circunstancias en las que nos estamos desenvolviendo.

    Las expectativas, considero, son un tema social que me es mas o menos indiferentes (Si la gente las quiere, adelante. Pueden resultar muy útiles, así como pueden volverse un dolor de bolas). La cobardía, por otro lado, me toca una fibra más sensible, pues en muchos casos es la piedra angular en que se sustentan las actitudes, o conductas o cogniciones que nos resultan, a lo menos, incómodas.

    La vida sin cobardía, sin miedo y sin prudencia es de planto desadaptativa, pero mucho más entretenida (Aunque también se vuelve incierta, y eso resulta un tanto incómodo), pero si nos planteamos de frenton como “pro cobardes”, pierdes la espontaneidad, la sorpresa y, claro, olvidate del “flow”, en todas sus formas. ¿Hasta donde irías tú, en este tira y afloja?

    Saludos!

    • Gerardo, primero que todo muchas gracias por darte el tiempo de visitar y leer mi blog. Como puedes ver es un espacio tremendamente indefinido, principalmente por la ausencia de un tema guía; pero cumple su misión de expresar ideas que se me van ocurriendo interesantes de compartir. Y bueno, el último tiempo me he dedicado un poco más.

      Sobre lo que me comentas de las expectativas, creo que si bien tienen un componente externo importante, considero que lo fundamental tiene que ver con lo que cada cual quiere/desea/anhela/espera/imagina como resultado de alguna acción, lo que lamentablemente, puede a su vez estar interferido por variables como el pensamiento mágico que abunda profusamente en sociedades como la nuestra. Sobre la cobardía, precisamente ayer estuve mirando tu blog y me di cuenta que ese tema es importante para tí, y lo justifiqué internamente como un “anti-valor” de la masculinidad, pues los hombres como género, apuntan a la valentía como una forma de actuar. Ahí pienso que tal vez a las mujeres nos falta atrevernos a dejar atrás la cobardía y aventurarnos en mundos desconocidos.

      Aquí daré una opinión clásica de psicóloga, pero lo que ocurre finalmente es que si te vas al extremo de la cobardía, en tanto ésta te permite mantenerte dentro de una “zona de confort”, es poco probable que te acerques a la fluidez que menciona Csiksentmihalyi, pues debe haber algún elemento novedoso y desafiante. Por el contrario, si te vas al extremo opuesto y te la pasas en la “valentía” (considerándola como lo opuesto a la cobardía), tampoco tendrás la suficiente calma como para que estos estados aparezcan.

      Respondiendo tu pregunta, creo que esto, al igual que muchas otras cosas en la vida, se podría mostrar con una metáfora que considero bastante útil. Las experiencias son como un elástico, si te alejas de la cobardía de forma brusca, es como si lo estirases bruscamente y tienes por tanto una gran probabilidad de que intente volver a su posición natural, con la misma brusquedad; por otro lado, si dejas la cobardía alejandote paulatinamente de tu zona de confort, el elástico cederá y si todo sale mal, el rebote no será tan fuerte. Claramente hay circunstancias que requieren un estirón fuerte, otras no, por lo que resultará adaptativo en función de la persona y de lo que se trate. El tira y afloja finalmente es personal, y cada cual sabe donde le aprieta el zapato, ¿no?

      En ningún caso creo que los Estados de Fluidez puedan ser manipulados o provocados intencionalmente, tan sólo podrían haber condiciones que los faciliten, y es ahí donde podemos hacernos responsables de ellos. Eso lo revisaré con más detención en el próximo post al respecto.

      Nuevamente muchas gracias por tu visita y por darte el tiempo de comentar. =)

      ¡Que estés muy bien!

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