La Fluidez II

La introducción realizada en mi post anterior a la Teoría de Mihaly Csikszentmihalyi se debe a mi interés en el desarrollo de la creatividad en distintos ámbitos de nuestra vida, ya sea porque la necesitamos como parte de nuestro trabajo, como hobby, o bien, para afrontar distintas problemáticas cotidianas a las que nos vemos expuestos. Y es que el estado de fluidez tiene, por definición, una apertura de conciencia que facilita la movilidad de nuestras ideas hacia un resultado o producto final; por esta razón, somos capaces de realizar conexiones innovadoras o visualizar cosas que simplemente no habíamos observado antes. En el libro “Aprender a Fluir”, el autor le entrega importancia a este tema en el sentido de la relación existente entre el flow y la calidad de vida: si efectivamente ocupáramos buena parte de nuestro tiempo realizando actividades que disfrutamos y que, conllevan a la fluidez, probablemente nuestra calidad de vida podría incrementarse de forma considerable; acercándonos tal vez a aquello que nos gustaría llamar vida.

En esta ocasión, me gustaría centrarme específicamente en cómo abordamos diferentes actividades o experiencias, y cómo podríamos actuar sobre nosotros mismos para promover la aparición de este estado. Por lo general tenemos una cantidad importante de variables que influirán en nuestro estado de ánimo interno. Mihaly, en un intento por explicar los más importantes, utilizó un cuadro de doble entrada que nos permitirá visualizar qué ocurre una vez combinadas estas variables. Veamos de qué trata cada una:

DESAFIO: tiene que ver con el nivel de dificultad o novedad que percibimos en cada actividad. Si por ejemplo éste es muy bajo, corremos el riesgo de aburrirnos rápidamente y perder el interés; si por el contrario, el desafío fuese demasiado alto, tal vez podríamos frustrarnos ante la imposibilidad de conseguirlo. Ahora bien, esta variable no es estándar a toda la población, pues cada cual percibe con distintas medidas la dificultad. Se hace entonces necesario mencionar el siguiente punto.

CAPACIDAD: se relaciona directamente con la valía personal, la autopercepción, la autocritica y en definitiva, con la evaluación que hacemos de nuestra propia performance. Podrían surgir preguntas como: ¿Qué tan capaz soy de preparar una cena? ¿Tengo cierta habilidad para dibujar fielmente un retrato? o bien, ¿Soy capaz de contar una historia a través de un cuento o novela?

Según qué tan capaz me considere, es cómo voy a percibir los desafíos en cada experiencia. Así, surgen diferentes estados anímicos internos que podemos apreciar en el siguiente cuadro:

Veamos algunos ejemplos concretos:

Si en mi clase de literatura me solicitan escribir un cuento y yo considero que esta actividad es un desafío alto para mí, pues es algo desconocido, y junto con esto creo que mis habilidades al respecto dejan bastante que desear, es posible que mi estado interno se aleje de la fluidez y se acerque más bien a la ansiedad.

Si hablar en público ha sido una experiencia frecuente en mi vida académica, presentar una investigación en un congreso podría parecer un desafío más bien bajo. Si junto con esto creo que poco a poco he mejorado mis habilidades de oratoria, mi estado se verá marcado por cierto relajo en esta experiencia.

Un estado de fluidez será más probable cuando me enfrento a una experiencia que me parece suficientemente desafiante, y al mismo tiempo creo que cuento con las herramientas necesarias para lograrlo.

Dada la información anterior, considero perfectamente probable que, con la debida introspección,  podamos identificar qué habilidades o herramientas deberíamos potenciar para enfrentar con éxito los desafíos que nos proponemos. O de forma inversa, podríamos proponernos desafíos que resulten desafiantes de acuerdo a nuestras propias capacidades y así elevar nuestra motivación. Podríamos eventualmente exponernos de forma gradual (y “voluntaria”) a aprendizajes que, de algún modo, influenciarían la aparición de la fluidez, el agrado de realizar alguna actividad y progresivamente, impactarían en una mejora en nuestra calidad de vida.

Csikszentmihalyi, M. (2007) Aprender a Fluir. Barcelona: Editorial Kairós.

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